Celebramos la Jornada Mundial del Enfermo en el Hospice

Cada 11 de febrero, en la Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, se conmemora la Jornada Mundial del Enfermo, instituida por San Juan Pablo II en 1992.


Respetando el distanciamiento y atendiendo a todas las medidas de salud, el jueves 11 de febrero por la tarde compartimos una Santa Misa en el SUM de nuestra casa. La celebró el padre Teo Brea, de la Sociedad San Juan.

Esta celebración es siempre una ocasión propicia para renovar nuestro compromiso con los que más sufren, con los enfermos, con quienes están al costado del camino. Especialmente, luego de un año en el que se evidenció más que nunca que miles de personas se encuentran fuera del sistema de salud de nuestro país.



El Cuidado Hospice, que poco a poco va creciendo en Argentina, nos llama a redoblar nuestros esfuerzos, tanto en la concientización de la necesidad de un cuidado integral en el final de la vida, como en el desarrollo de equipos e instituciones sólidas que permitan materializar ese cuidado.

Aliviar el dolor del que sufre es la misión que nos mueve y ese impulso tiene nombre: Jesús de Nazareth.


Siguiendo el mensaje del Papa Francisco con motivo de esta fecha, no podemos dejar de sorprendernos por cuán personal parece. "Jesús propone detenerse, escuchar, establecer una relación directa y personal con el otro, sentir empatía y conmoción por él o por ella, dejarse involucrar en su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo de él por medio del servicio".

Por eso, especialmente en esta Santa Misa, encomendamos a Jesús Buen Samaritano el cuidado de todos los que forman parte del Hospice: donantes, enfermeras, médicos, trabajadora social, psicóloga, voluntarios, a los huéspedes y sus familias. A los que hoy nos acompañan y también a quienes han pasado por nuestra Casa y los distintos Programas, pero también a quienes están al costado del camino y no encuentran quién los cuide.


Prosiguiendo, el Santo Padre hace referencia a cuánto más humana es una sociedad que sabe ocuparse de sus enfermos, de quienes sufren, de quienes necesitan el alivio del dolor y la contención espiritual. En esa línea es que escribe que "el mandamiento del amor, que Jesús dejó a sus discípulos, también encuentra una realización concreta en la relación con los enfermos".

Sigamos juntos esforzándonos por honrar ese mandamiento con todas las personas que sufren. Sigamos mirando al costado del camino.


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